Cuarenta y dos
Pasaba un puente y tiraba hacia ningún lado los enojos y desventuras... de todo me deshice y fue bueno, porque sé que en otra casa encontraré el calor al que estoy acosumbrado. Benditos sean los camiones a las cuatro de la tarde.
Los derivados del odio no hacen daño, son como que mis amigos ya, la hora no se detiene, pero se hace más pesada y el aire ya no me lleva a tí, me aleja, qué mal.
Los derivados del odio no hacen daño, son como que mis amigos ya, la hora no se detiene, pero se hace más pesada y el aire ya no me lleva a tí, me aleja, qué mal.