Veinte
Estaba yo en mis primeras horas del año, tratando de augurar lo que el destino prepara para mí, cuando sentí la pesadez del sueño en mis párpados, éstos rebeldes no permitieron más luz ni información exterior y como quien no quiere consentir lo ajeno, me fui a recostar al sillón ámbar de la sala de mi amada casa, donde conté las horas respirando lo más débil posible.
Después de haber descansado mi cuerpo y mi alma, decidí obedecer a aquellas voces mías que me ordenaban estar con alguien, como sintiendose solitarias al gastar su energía en un erróneo lugar, sin embargo, pasó algún tiempo antes de realizar la obediencia.
Me paré frente al espejo que tal vez me saluda sin saber todas las mañanas, descubrí que era el mismo, pero diferente, había poca luz a pesar de ser de mañana y me sentía cansado a pesar de lo mismo.
El alcohol no corría por las venas -al menos no por las mías- y me sentía mal, tal vez fue mental, tal vez no era nada, lo que sí era nunca lo sabré con precisión.
Entonces llega el aire al abrir la puerta, me asomo, salgo y está ahí el perro vagabundo de siempre, ignorando que día es, ignorando mi felicidad y mi malestar, es lógico, solo me mira como pidiendo piedad o un pedazo de comida, tal vez amor, le doy lo segundo y lo corro por su olor.
*
Basta que salga a la calle y a donde las personas y que me hablen con voz alta, para estallar, no podría soportar el fin de mi tranquilidad, quisiera ser invisible para sentirme libre y saber lo que es saberlo todo, aunque mis ideas se contrapongan de vez en cuando, quisiera olerla, Dios sabe que quisiera olerla en este momento.
*
Después de haber descansado mi cuerpo y mi alma, decidí obedecer a aquellas voces mías que me ordenaban estar con alguien, como sintiendose solitarias al gastar su energía en un erróneo lugar, sin embargo, pasó algún tiempo antes de realizar la obediencia.
Me paré frente al espejo que tal vez me saluda sin saber todas las mañanas, descubrí que era el mismo, pero diferente, había poca luz a pesar de ser de mañana y me sentía cansado a pesar de lo mismo.
El alcohol no corría por las venas -al menos no por las mías- y me sentía mal, tal vez fue mental, tal vez no era nada, lo que sí era nunca lo sabré con precisión.
Entonces llega el aire al abrir la puerta, me asomo, salgo y está ahí el perro vagabundo de siempre, ignorando que día es, ignorando mi felicidad y mi malestar, es lógico, solo me mira como pidiendo piedad o un pedazo de comida, tal vez amor, le doy lo segundo y lo corro por su olor.
*
Basta que salga a la calle y a donde las personas y que me hablen con voz alta, para estallar, no podría soportar el fin de mi tranquilidad, quisiera ser invisible para sentirme libre y saber lo que es saberlo todo, aunque mis ideas se contrapongan de vez en cuando, quisiera olerla, Dios sabe que quisiera olerla en este momento.
*
<< Home